Sus manos arañaban la tierra, arrancando con todas sus fuerzas la hierba, como si ésta tuviera fuera la culpable de su pena. El dolor la embargaba, a tal punto de asfixiarla...sumergida en un mar de lágrimas, trataba de explicar las causas de semejante atrocidad,le arrebataron a la persona que más amaba, a quien había entregado su vida por entero...a quién se había entregado por completo. A un día de su partida, sentía que eran años, se sentía desfallecer cada vez que levantaba la mirada y observaba las flores aún frescas que él le había entregado la noche anterior como muestra de su amor eterno. El destino se había encargado de unirlos desde hace muchos años, desde que cruzaron sus miradas por primera vez, sentían que cada unión era única, creían que el universo conspiraba para unirlos cada vez más y más. Esa extraña conexión que se hizo poco a poco más grande y más intensa, hasta llegar a ser indestructible, al menos por la mano del hombre. Sentían que ningún otro sentimiento era tan importante e imponente como el suyo, centraron su vida uno en el otro, creyendo que el amor que sentían mutuamente iba a ser su elixir de vida. Pero un desafortunado encuentro con la muerte, le arrebató a lo más importante para ella, aquella persona que le mostraba el camino en su vida, con quien había compartido cada momento, partió sin aviso, dejandola sumida en la más profunda soledad. Por qué me dejaste? se preguntaba, mientras yacía frente al cuerpo inerte de su amado, reclamándole el inclumpimiento de su promesa, el de seguir juntos por toda la eternidad, no se daba cuenta que él seguía allí, a pesar de todo el dolor, de toda la angustía e impotencia, él había cumplido su promesa, seguiría con ella por toda la eternidad acompañándola por el resto de su vida, de la misma manera que hasta ahora lo venía haciendo, viviendo con ella... en ella...en su corazón.

Luna