Sólo tenía ojos para él, su corazón latía estrepitozamente con cada segundo que pasaba imaginando que iría al encuentro de su amor; no había podido dormir varias noches pensando en aquel día.
El camino era corto pero parecía que se dirigiera hasta el fin del mundo; el tiempo pasaba lentamente destrozando sus nervios, pero era propicio para recordar los bellos momentos que vivieron juntos, sus besos y caricias.
El día había llegado, imaginaba el rostro de felicidad de él, esperando en el altar con aquel traje que le sentaba tan bien y hacía resaltar sus bellos ojos. La Iglesia decorada con las más bellas rosas blancas, en honor a la pureza de su amor.

Era tarde, el chofer hacía todo lo posible, pero el tráfico era caótico. Su mente siguió vagando por todos los rincones de sus recuerdos, su primer beso, cuando caminaban de la mano por diversos lugares, sus locuras juntos ... en fin ... millones de escenas se proyectaban en su mente, mostrando cada instante de su vida juntos. Recordó el preciso instante en el que él le propuso matrimonio, un momento inolvidable definitivamente, justo antes de partir, en la mitad del areopuerto gritando para que su voz se escuche más que todo el bullicio.
Faltaba poco para llegar; una nueva duda saltó a su mente, debo hacerlo?, los momentos felices se desvanecieron y recordaba todo lo triste. Espere - le dijo al chofer, quien aguardó a una cuadra de la Iglesia. Estaba confusa, sentía que su estómago se revolvía, su corazón dejaba de latir, le faltaba el aire. Pidió a Dios por ellos dos, por su felicidad. El auto siguió su camino y se detuvo frente a la Iglesia, era el momento. Descendió con la delicadeza que la caracterizaba y se quedó observando perpleja la fachada de la Iglesia. Una pareja salía felizmente casados, la muchacha mostraba en su mirada la ilusión, tenía un vestido bellísimo y un ramo de rosas blancas en la mano; él, llevaba un traje que hacía resaltar sus ojos, ambos con una sonrisa que reflejaba la inmensa felicidad que sentían en aquel momento de unión de por vida. Corrió hacia un costado impidiendo ser vista por algún conocido, nadie la vio. Los minutos pasaban y los novios se retiraban. El corazón se le detuvo por un momento los recuerdos iban desapareciendo junto con los sentimientos, las lágrimas corrían por su rostro... lo había perdido. Esperó a que todos se fueran y entró a la Iglesia a agradecerle a Dios por haberle cumplido parte de su petición, uno de ellos ya era feliz.

Luna