La observaba fijamente tratando de encontrar en su rostro la causa del sentimiento que surgía en ese momento.
Un nuevo sentimiento nacía devolviéndole el significado a la vida, iluminando la luz de su mirada y devolviéndole la sonrisa que expresaba la paz que embargaba su alma.
El acercar su mano hacia ella generaba un sentimiento de culpabilidad, no se creía capaz de ser digno de aquel ser con rostro angelical.
Sus brazos la acercaban hacia su pecho como intentando unir los latidos de ambos corazones; ahora no habría motivos para partir, deseaba quedarse para protegerla y guiarla en aquel camino que a él se le hizo tan dificil de seguir.
Todos los días permanecía a su lado esperando que abra los ojos para poder liberarla de las cadenas que la oprimían pero que hacían que permanezca con vida.
La miraba tiernamente imaginando el futuro, los años que tenía por delante junto a él y el camino que iba a seguir...
Había aprendido a amar sin medida, abrió su corazón y liberó los sentimientos que permanecían cautivos en una maraña de confusión, odio y desamor.
Ella logró su objetivo hizo amar a quien nunca creía poder hacerlo; ahora la muerte la premiaba liberándola de la opresión a una vida que no podría seguir.
Apretó suavemente la mano de quien velaba sus sueños desde su llegada y se embarcó en un viaje eterno y sin retorno.
Su cuerpo permanecía inerte, pero su alma había encontrado un lugar cálido donde albergarse ... el corazón de su padre.

Luna