Caminaba por la vereda que había sido su única y real compañera el último año. Era la segunda cajetilla de cigarros que se fumaba esa noche, la luna la ponía tensa, la hacía verse a sí misma como lo que era y en lo que se había convertido su tan ansiado sueño de surgir por sí misma…una basura.

– Las tres - se dijo mientras observaba el reloj con una mirada perdida. Sus pies la mataban, el caminar de esquina en esquina esperando a algún cliente la habían agotado totalmente. Se sentó en el muro del jardín de una de las tiendas de la avenida Soriano, jalándose hacia arriba la minifalda para que quedaran al descubierto sus esculturales piernas –Al menos así descansaré y trabajaré a la vez- pensó mientras terminaba el último pucho que le quedaba.

El trabajo no había sido bueno los últimos meses y la competencia había crecido. Muchachas que huían de su casa sólo por libertad eran las últimas que se habían unido al clan, eran raros casos las que lo hacían sólo por placer, por mero goce físico…casi siempre había algo más, la gente juzgaba pero no sabía, no podía ver sus miradas, ocultas bajo la oscuridad de la escasa moralidad.

La avenida estaba desierta, a excepción de unos muchachos que se balanceaban por el exceso de alcohol esperando un ómnibus. – Estúpidos- gritó cuando se dio cuenta que la observaban e insultaban en voz baja… ¿Qué más podrían decir de ella? Estaba acostumbrada a los murmullos, a las miradas fijas y amenazantes que en un inicio le hacían bajar la cabeza pero que ahora habían perdido su efecto a causa de la ausencia de sentimientos, ya no tenía vergüenza ni pudor, la vida se había encargado de ello.
-Una cajetilla más no me hará daño- se dijo mientras sacaba de una pequeña carterilla roja que llevaba bajo el brazo. Encendió el primer cigarrillo e inhalo profundamente para luego exhalarlo emitiendo una especie de suspiro. Unas lagrimas comenzaron a rodar por sus mejillas –Porqué tuvo que ser así- se decía mientras la mano libre se acercaba a su cara como intentando arrancarse la piel de una vez por todas. Los recuerdos se le venían a la mente, el día que se separó de sus padres viniendo a la cuidad…los abrazos llenos de intenso amor de su madre, ¡Por Dios! Como anhelaba volver pero a la vez tenía miedo de regresar derrotada y de abandonar a las razones por las que se mantenía atada a esta maldita cuidad. – ¡Candela!- gritaban desde la otra esquina.......

Andrómeda
--------------------------------------------------------
Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia...