Corría desesperada por las calles, quería que el viento se llevara todos sus pensamientos, todos los problemas... Estaba harta de la vida.

El ruido, el baile, los hombres, la lujuria habían terminado aturdiéndola y haciendola huir del establecimiento en el que se encontraba. Regresó al hotel y se cambió de ropas. Sabía que la castigaría por ello, pero no importaba, sus cabeza era como un torbellino de atrocidades...

¿En qué me he convertido? Se preguntaba mientras caminaba por las calles de Lima. Durante el día era Helena, pero la noche la obligaba a cambiar, las circunstancias lo hacían. Estaba harta de ser Candela, de llevar una doble vida... pero qué podía hacer... maldecía el momento en que cayó en eso, a la vida por ponerla en esa situación. Las lágrimas rodaban por sus mejillas, mientras aceleraba el paso.

La situación la llevó recordar como se integró a este mundo. Tenía catorce años cuando vino a Lima con sus abuelos, vino con la idea de triunfar, de ser mejor que sus padres. Dos años después, el destino se encargó de golpearla duramente, primero con la muerte de sus padres en un accidente de tránsito y después con la enfermedad de sus abuelos. Una amiga, Mariana, la recomendó con Carola y comenzó bailando en el cabaret.

Carola la convenció de pasar al otro nivel, ganaría más dinero y podría cubrir tanto las medicinas de sus abuelos como sus estudios, así que aceptó.

Diecisiete años- dijo un joven que por primera vez vino al establecimiento, mientras Carola lo convencía de que se la llevara. Él bastante nervioso aceptó y cogió de la mano a Helena. La llevó hacia un hotel de mala muerte que estaba a los alrededores - Me gustaría llevarte a otro lugar, pero no tengo dinero- le dijo mientras una sutil sonrisa se formaba en sus labios. Soy Alejandro, no sé que más decirte... nunca había estado en esta situación - dijo mientras sus manos transpiraban más de lo común. Ella sonrió y con un poco más de confianza le dijo su nombre.

Era una situación bastante inusual, ambos compartían pensamientos infantiles. Ya en la habitación comenzaron a conversar sobre sus vidas, sus problemas ... es decir, a conocerse un poco más. Helena se preguntaba que sucedía; no había pasado nada de lo que Mariana, ya con más experiencia, le había dicho. Las horas transcurrían y la conversación iba poniendose cada vez más interesante. Al final, el sueño pudo más y ambos se quedaron totalmente dormidos hasta el día siguiente.

Fue tu primera vez y soportaste toda la noche ... Me pagó muy bien por ti, sabes?- le decía Carola mientras contaba el dinero. Helena no sabía que decir y prefirió quedar en silencio. Fue Mariana quien al escuchar los comentarios de Carola le puso el "nombre de batalla": Candela ya que la buena paga significaba lo buena que era en la cama.

Maldito nombre- decía mientras regresaba al presente y se fumaba su octavo cigarrillo. Era muy tarde, había caminado hasta donde las piernas le habían dado... un parque. Era tarde, no había ganado lo que solía en un día y debía regresar a casa.......

Pd: próxima parte 17/04