Un bloqueo de mente, de espiritu y de sentimientos desencadena una serie de circunstancias antagonicas que confunden al alma. No puede recordar que sucedió aquel día en el que observaba el deslumbrante color del cielo mientras las lágrimas manifestaban que mi corazón agonizaba. Palabras de una victima de la batalla incansable del amor y la traición, intentando hallar una razón a un hecho perfectamente entendible por los demás, la ilusión.

Palabras de apoyo intentaron calmar a la agonizante; unos labios intentaron borrar besos que marcaron su alma y unas manos quisieron revivir aquel sentimiento que había sido el causante de su agobio.

Recuerdos difusos, momentos confusos, te quieros forzados, besos robados; sensaciones distintas que tuvieron efectos radicales en una actitud asumida en la que las sonrisas reales eran tan el misterio de la felicidad. La tristeza embargaba lo poco que quedaba de su corazón, mientras una rosa intentaba amortiguar el pasado. La situación no fue la causante del sufrimiento si no el haber fallado y haber dejado que los instintos dominen a la razón.

Cree en la palabra de quien le habló con el corazón, pero la susceptibilidad es más poderosa en su mundo paralelo. El olvido es la mejor solución para encontrar la paz y tranquilidad de ese corazón. Debe seguir esperando el amor, gritando al viento que la felicidad existe y buscando razones para no seguir en la cruel agonía del desengaño.

Lentamente su cuerpo cae sobre la fria loza de la realidad, ha sido derrotada por la falsedad. Cierra los ojos y descubre un mundo en el que comienza la búsqueda del olvido del recuerdo, de la realidad de la ilusión y la muerte del corazón.