Siempre seguí el camino hacia abismos, era una costumbre. Me intrigaban los por qués, cómos y cuándos de la vida y avanzaba sin importar que mi corazón se destrozara con cada paso que daba. Siempre mantenia una careta para que no vieran quien soy en realidad, ocultandome de las intrigas y los miedos que vivian dentro de mí. Aparentar ser fuerte cuando puñaladas despedazaban lo poco que quedaba de una persona creada gracias al diseño de los demás. Perfidias eran comunes en un mundo en el que todo era nada y a veces la nada era mucho. Encerrame para reconstruir los pedazos que quedaban de un alma que agonizaba tragicamente en el mar de las infamias. El mundo creado para mí cubría todas mis expectativas, las sonrisas eran sinceras, las miradas transparentes, no existía la traición pero tampoco la emoción. Decidí dar un paseo por los alredeores y termine siendo arrastrada por quien disfruta del dolor de la confusión y el triunfo del desamor. Pobre corazón aniquilado por la infamia desolado se refugió nuevamente en la caparazón de las desiluciones. Cuando menos lo esperaba apareció alguien que tendió su mano para huir de aquel lugar. La perfección no existe y el dolor siempre domina, pensé súbitamente mientras trataba de entender que era lo que sentía; pero, ¿por qué pensé eso? ¿Acaso una parte de mí sucumbía a los encantos de aquél que irrumpía en mis lamentos? La vida continúa, el tiempo pasa lentamente, los llantos se oyen a lo lejos perdidos en la maraña de los recuerdos de un pasado que se desea olvidar y un presente que se desea vivir. Me niego a oir los gritos de mi corazón y sufro con lo que mi mente quiere resaltar para alejarme de quien creo es ideal. Choques de emociones y de pensamientos llego a concluir que no me importa quién fue, ni qué hizo...me importa quién es y en qué se convirtió para mí. ¿Pensará lo mismo de mí?Aquella muchacha que se pierde en el torbellino de la inseguridad y del dolor se enamoró de quien para ella está cambiando su mundo. Sin querer traza el camino a las estrellas con cada acción, con cada palabra que pronuncia en aquellos encuentros en los que el mundo desaparece y el tiempo se detiene. El corazón se complica tratando de entender que sucede en realidad, y la mente colapsa por no tener más argumentos para detener al sentimiento, el dolor desaparece y un sentimiento cálido se apodera de aquel espacio que deja. Es extraño sentirse así, el comenzar a perder el miedo en el que siempre me encontraba y buscar una luz para seguir. Quizas la luna no brillaba esa noche pero sus ojos guiaron el camino de mi corazón.